Qué poquito me gustan las palabras de moda.
“Poner en valor”, “Nuevas tecnologías”, “Energías limpias”, “Carnavalero”, “I+D”, … todas suenan a cajas vacias de contenido más allá de la moda de usarlas.
Emprendedor es una de estas palabras que ha sido prostituida por la dialéctica politica, quicir, esta gente que arreglan el mundo a base de trípticos. Yo, que analizo las cosas a mi manera y si encajan es que son así, Tengo claro cuales son los puntos básicos que un emprendedor debe saber: Qué quiero hacer, Cómo lo voy a hacer, Cuánto me va costar.
Lo primero es decir que yo no soy un emprendedor. Nunca lo he sido. Yo solo soy una persona que si quiero algo y en cierto ámbito no me dejan alcanzarlo eliminio o esquivo el obstáculo y voy a por mi objetivo ignorando consideraciones externas.
Que me tocan los cojones la gente que me dice donde puedo llegar y donde no, vamos. Podiamos decir que por ahí, sí, soy una persona de naturaleza independiente.
La independencia. Yo creo que es uno de los ingredientes básicos de esto del emprendimiento. Criterio propio y capacidad de compromiso. Qué quiero hacer. Aqui ya nos damos contra el primer escollo.
No nos educan para fomentar el pensamiento independiente. Desde pequeños nos educan para ser “normales” en el sentido más viciado de la palabra. El culto al “esto es así” y el pánico al cambio. Durante todos los años de formación te machacan el espíritu de forma bajuna para robarte la iniciativa.
Recuerdo que hace unos meses leía yo en la prensa una estadística que era algo asi como que el 70% de los estudiantes de empresariales tenían como objetivo en la vida sacarse unas oposiciones o trabajar para un banco. Bien, la gente que debería ser la más preparada para sacar empresas adelante es la menos dispuesta a tirarse a la arena. No habla muy bien de lo que hemos hecho de nuestros jóvenes, no. Pero quién puede culparles. Culturalmente están sumergidos en un miedo instintivo al fracaso. No ya al fracaso, al mero tropiezo, al aprendizaje experimental, a no seguir al ritmo del rebaño.
En este coqueto país el que emprende algo y falla es crucificado por todos esos que no han tenido ninguna iniciativa en toda su vida. La falta de independencia y de criterio hace que este simple tic social haga que una gran parte de la gente ni siquiera se plantee salirse del tiesto porque pueden más sus condicionamientos sociales que el buen criterio y capacidad de comprometerse con sus ideas. Sin iniciativa, sin criterio, no hay ideas. Sin ideas, no hay nada.
Otro bonito ingrediente de un emprendedor:
La formación. Uno puede llegar a la luna pero para eso hay que aprender a tirar cohetes. La mayor dificultad de todas en cualquier proyecto, no es el dinero, ni los medios, ni mucho menos el conocimiento, es la falta de motivación. Esto es importante porque la motivación es el único combustible que se necesita para obtener buena formación. Ésta es, a pesar de lo que muchos creen, una herramienta y no una barrera y está sobrevalorada en relación con los demás recursos que se necesitan para hacer realidad una idea. Es algo que depende de uno mismo y por tanto nunca puede ser una excusa para ningún emprendedor. Cómo lo quiero hacer. La formación es algo tan sencillo como sentarse e hincar codos siempre con tu objetivo claro.
De la formación no será la primera vez que se hable asi que tampoco me voy a explayar al completo ahora. Solo apuntaré por qué la formación es en realidad algo que no es tan sencillo de conseguir. Es el relativamente famoso estandarte de las Universidades, esos campos de concentración intelectual, que reza “La universidad no está para crear profesionales sino para crear cerebros”. Quizás clonar fuera un término más acertado pero de momento vamos a dejarlo ahí. Toda una declaración de intenciones que suena, casi, hasta bien, si no fuera por el pequeño detalle que la gente paga por esa formación para hacerse una carrera profesional.
Pero bien, en la Universidad saben mejor que uno lo que uno necesita, incluso aunque suela estar llena de gente que no ha trabajado en la calle en su puñetera vida.
El último punto que yo veo necesario para un emprendedor son los recursos.
Los recursos. El parné. La guita. Nada de efemismos aqui, los billetes.
Gran preocupación con el supuestamente bajo índice de emprededores que hay en Cádiz. Con lo facil que es emprender cuando uno tiene dinero. No se si ya se va viendo por donde voy.
Lo cierto es que en Cádiz no se emprede más porque la gente está tiesa. En este punto no hay más que hablar. Hay gente con ideas y gente con dinero. La inmensa mayoría de las veces esas dos condiciones no suelen coincidir en el mismo ser humano. Como resultado la gente se rasca los bolsillos y se lanza al vacio muy corto de recursos, normalmente animado por la política de subvenciones.
No voy a comentar ahora sobre la vivaracha política de subvenciones. Tiempo y páginas habrá para ello. Sólo apuntar que hacer que la gente en condiciones muy justas se meta a autonomo bajo la llamada de 3000 euros de subvención es estafarla para maquillar cifras de paro con trabajo precario en condiciones de explotación.
——————–
Y en lineas generales estos son los puntos más calientes del problema de emprender.
- Nos educan para hocicar
- Nos forman deficientemente
- No tenemos capital
Y aun asi, la gente emprende. A pesar de todo, la gente lo intenta. Y solo por eso la gente que emprende, que lo intenta, que lo padece, que acierta y se equivoca, que gana y que pierde, que se cae y se levanta, merece respeto.